Sabía que la ilusión no tardaría en desvanecerse, cómo iba a cuidar un jardín de rosas con tanto frío en las espinas. En algún momento las espinas comenzarían a endurecerse y a afilarse, de manera casi simultánea los pétalos comenzaron a desprenderse y a morir entre mis dedos. Sabías que la decisión sería mortal, pero nunca sopesaste lo inmediata de la misma.
martes, 21 de septiembre de 2010
lunes, 13 de septiembre de 2010
Llegaron por decenas
Llegaron por decenas, quizás eran cientos; sabíamos que estábamos perdidos en el momento en el que cesaron los motores. Cómo rezar y a quién, si había algún Dios se había olvidado de nosotros.
¿Es que no puedes oírme? ¿Es que no puedes oírme? Aún sigo viva. Aún sigo viva, no me mataron vuestros desprecios cargados de malas intenciones ni las malas lenguas ni siquiera los malos pensamientos que gafaron mi autoestima. Aún sigo viva. Hay veces en la que uno debe perderse para encontrarse una mismo, seguiré corriendo para coger distancia, mucha distancia. No me mataron las balas de plata, son leyenda, no pusiste demasiada plata; tampoco el veneno de tu copa, encontré el antídoto. ¿Es que no puedes oírme? Sigo viva
Hasta que se nos rompa el alma
Hay veces en las que hay que gritar, hay que gritar hasta que se nos rompa el alma. Hay que gritar a los ignorantes, a los intolerantes, a los crueles, a los soberbios, a los tímidos, a los que viven su vida sin vivirla y sobre todo a los que no nos dejan vivirla. Hay veces en las que hay que gritar, hay que gritar hasta que se nos rompa el alma. Hay que gritar para espantar las rancias penas que llevamos en los bolsillos con agujeros, para que despierten los sueños dormidos en almohadas con arrugas, para que vuelvan las esperanzas olvidadas en oxidadas latas de galletas, para que volvamos a tener las miradas infantiles de las fotos olvidadas en los fondos de los cajones. Hay veces en las que hay que gritar, hay que gritar hasta que se nos rompa el alma.
jueves, 9 de septiembre de 2010
Grises y plomizos
Mientras paseo por calles empedradas en nubes de lluvia veo personas, pero no tienen alma, sólo son cuerpos marrones que roban días azules al verano que agoniza desde hace semanas. No lucen sonrisas ni expresión en sus acuosos ojos, tampoco estrellas en su cielo, sólo plomizas nubes de invierno que esconden el sol para ahorrar amapolas rojas en sus campos. Pobres almas soñadoras de mares inmensos ahogados de azul hasta el infinito y de playas de arenas doradas, pobres almas muertas por grises y plomizos.
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