Lo único que hicimos fue sentarnos en una de sus mesas y nos limitamos a esperar, se nos acercó tímido, mirando al suelo; comenzó a hablar, inseguro al principio; tremendamente generoso y pasional según iba avanzando en su discurso, enamorándonos. Nos explicaba el mundo a través de su cacao. Sólo con pasar sus níveas manos, con pulcra delicadeza, por una maravillosa copa de ligero y fino cristal, ya no había chocolate; en su defecto un delicioso cacao de Ecuador en forma de esponjosa espuma bañada en un excitante aroma lo había sustituido. Aroma de tierra preñada de lluvia que iba envolviendo a las que allí estábamos abriendo mente y sentidos para seguir apreciando, casi con lujuria, la atrevida espuma de cerveza cristalizada espolvoreada con crujiente azúcar de regaliz servida en vaso de doble fondo. Se paró el tiempo. Quién dijo que la magia consiste en sacar conejos de una chistera y cartas de una baraja cuando puedes deleitarte con los aromas de medio mundo con sólo limitarte a cerrar los ojos estando sentada en una chocolatería de diseño en un callejón de Sevilla, y además, en la mejor de las compañías.
lunes, 22 de febrero de 2010
La fuente de los suspiros
En la pequeña aldea en la que vivo existe una fuente, es un fuentecilla bastante rudimentaria que se construyó no se sabe cuándo. De la fuentecilla mana un hilillo de agua que no da ni mucho menos para satisfacer la sed diaria de una cuarta parte de los vecinos de mi pequeña aldea. Pero tiene otra virtud mucho más importante, por eso es tan apreciada; y es que aplaca la sed del alma. Cuando uno tiene rota el alma, va a beber de su agua y la pena se disipa en forma de suspiro. Lleva haciéndose durante generaciones, pero es un secreto que guardamos celosamente porque qué sería de nuestra pequeña aldea si todas las personas del mundo que tienen el alma rota vinieran a beber de la escasa agua que mana nuestra fontana. Podría provocar una guerra mundial, vendrían ejércitos del Este y del Oeste, del Norte y del Sur. Cualquier pueblo gobernado por un enano inútil falto de escrúpulos y con bigote sería capaz de provocar una matanza mundial con tal de quedarse para sí el agua de la dicha. Aunque claro, habría que plantearse si una persona que fuese totalmente feliz sería capaz de vivir en el mundo en el que vivimos. Cómo sabría que es feliz si nunca más sentiría pena y desasosiego. Por eso está custodiada y cada uno de nosotros sólo tiene una oportunidad al año de saciar una única pena. Por lo que debemos ser tremendamente cuidadosos y selectivos y no equivocarnos al elegirla.
Un dilema algo complejo
Hubo un día en el cual llegó el momento de decidir qué quería ser en la vida y ahí surgió el problema. Tenía claro que quería ser muchas cosas a la vez y muchas personas al mismo tiempo. Tarde o temprano esto derivaría, lógicamente, en una grave crisis existencial. La respuesta a tan complejo dilema era bien secilla. Sólo hay dos profesiones en este mundo que permiten tanta versatilidad: una es la de actriz y la otra la de escritora. La primera la deseché nada más planteármelo ya que mi terrible pánico escénico y las escasas gracias con las que me ha obsequiado mi herencia genética no dejaron el mínimo atisbo de duda. En cuanto a la escritura, mi falta de talento por no hablar de la ausente creatividad con la que he sido maldecida, muy a mi pesar, hicieron el resto. Así que llegué a la conclusión de que la única opción que se me brindaba para hacer lo que quisiera, viajar donde quisiera y ser quien quisiera cuando quisiera era la de hacerme invisible. Llegué a esta conclusión a una edad muy temprana, de hecho casi precoz podría decirse, estando aún en el vientre de mi madre.
Otra tormenta
Han vuelto los truenos y los relámpagos se estrellan contra los cristales, pero no hay apenas lluvia. Acabo de recordar que esta mañana, mientras daba un paseo, vi bajo unos escombros un paraguas roto. Aún tarda la primavera.
domingo, 21 de febrero de 2010
Y los valientes...
Y los valientes se tiraron por la borda. Sólo los cobardes y los lentos de reflejos quedaron en el barco.
viernes, 19 de febrero de 2010
A mi escritor favorito
Hoy salí a la calle con la sonrisa en los zapatos. No era la calle gris de todos los días ni tampoco eran los zapatos de domingo. No era el gris uniformado que hemos estado llevando puesto sobre los hombros desde hace semanas, muchas semanas, demasiadas semanas. Había un puntito de azul y un tímido sol saludaba a los que, valientes, por fin se atrevían a asomarse a los balcones, a inundar las aceras. Tanto tiempo sin vernos sin tonos grises bien merece un chocolate caliente bajo la imponente, o no tanto, torre parisina. Qué pena, no había castañas.
martes, 16 de febrero de 2010
De elucubraciones oníricas
¿Y si en lugar de seguir luchando por imposibles que nos amargan el sueño, nos vamos a un aeropuerto con un pasaporte y algo de dinero como único equipaje y nos dedicamos a vivirlo?
jueves, 4 de febrero de 2010
"El factor Dios"
Hoy gracias a mi amigo Mario que me lo ha facilitado, he leído un artículo que escribió D. José Saramago que se titula "El factor Dios", me ha encantado, pensamiento puro. Pero me viene a la cabeza: ¿Y qué pasó con todos aquellos que a lo largo de la Historia se inmolaron y masacraron en nombre del Factor Dios cuando al morir se dieron cuenta de que lo habían hecho por una falacia?
lunes, 1 de febrero de 2010
El camaleón oportunista
Y el zalamero camaleón, vestido para la ocasión con sus mejores galas y ahíto de los más ricos manjares, volvió a tocar en mi puerta, pero ya no había belleza suficiente en las plazas ni tanta soledad en el alma como para que mis ojos se cegaran a tan hipócrita oportunista.
Sigue nevando
Y mientras mi nostalgia se estrella contra las paredes de mi habitación como una pequeña y perdida golondrina lo hiciera en un cuarto sin grietas, los copos de nieve se congelan en los cristales de mi ventana. Nieve que me quema mientras se funde por mi garganta, ventanas que no cierran y permiten pasar el frío invierno.
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