Hoy salí a la calle con la sonrisa en los zapatos. No era la calle gris de todos los días ni tampoco eran los zapatos de domingo. No era el gris uniformado que hemos estado llevando puesto sobre los hombros desde hace semanas, muchas semanas, demasiadas semanas. Había un puntito de azul y un tímido sol saludaba a los que, valientes, por fin se atrevían a asomarse a los balcones, a inundar las aceras. Tanto tiempo sin vernos sin tonos grises bien merece un chocolate caliente bajo la imponente, o no tanto, torre parisina. Qué pena, no había castañas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario