lunes, 22 de febrero de 2010

La fuente de los suspiros

En la pequeña aldea en la que vivo existe una fuente, es un fuentecilla bastante rudimentaria que se construyó no se sabe cuándo. De la fuentecilla mana un hilillo de agua que no da ni mucho menos para satisfacer la sed diaria de una cuarta parte de los vecinos de mi pequeña aldea. Pero tiene otra virtud mucho más importante, por eso es tan apreciada; y es que aplaca la sed del alma. Cuando uno tiene rota el alma, va a beber de su agua y la pena se disipa en forma de suspiro. Lleva haciéndose durante generaciones, pero es un secreto que guardamos celosamente porque qué sería de nuestra pequeña aldea si todas las personas del mundo que tienen el alma rota vinieran a beber de la escasa agua que mana nuestra fontana. Podría provocar una guerra mundial, vendrían ejércitos del Este y del Oeste, del Norte y del Sur. Cualquier pueblo gobernado por un enano inútil falto de escrúpulos y con bigote sería capaz de provocar una matanza mundial con tal de quedarse para sí el agua de la dicha. Aunque claro, habría que plantearse si una persona que fuese totalmente feliz sería capaz de vivir en el mundo en el que vivimos. Cómo sabría que es feliz si nunca más sentiría pena y desasosiego. Por eso está custodiada y cada uno de nosotros sólo tiene una oportunidad al año de saciar una única pena. Por lo que debemos ser tremendamente cuidadosos y selectivos y no equivocarnos al elegirla.

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