viernes, 4 de febrero de 2011

...

Se apostaban, grises, en cada esquina, en cada portal. Sin mirarnos siquiera nos sugerían, secos, rapidez, orden, silencio y el mínimo equipaje. Sólo oíamos nuestros pasos en el frío cemento, todos manteníamos la mirada baja y los puños apretados ni a respirar nos atrevíamos. Me concentré en el latido de mi corazón y sin mirar atrás apreté el paso sabiendo que sería la última vez que vería aquellas calles que durante tantos años habían sido mi refugio y mi hogar.

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